La enseñanza en los tiempos
del siglo XIX, se regía de forma estricta e incluso con violencia psicológica y
física dañando severamente a los niños; ya
que la carta lancasteriana mencionaba que “los castigos en una escuela son
necesarios, los que deben imponerse han de tener alguna tendencia con la moral para
que hagan más impresión en los tiernos ánimos” y algunos de los ejemplos que
hace mención son:
·
La detención en la escuela después de los
trabajos.
·
La imposición de tarjetas [cartones o
tablillas que se les colgaban a los niños con el delito cometido: hablador,...
mentiroso, pleitista, etc.
·
Hincar a los niños de rodillas.
Actualmente en el preescolar
ya no existe la palabra castigo sino ahora
utilizan la palabra sanción, hoy en día no se puede hacer
e inclusive está penado por la ley lo cual en ocasiones no les importa ya que
aún existen ese tipo de maestros que agreden a sus alumnos. Se da una
comunicación de respeto y cordial hacia los alumnos marcando un cambio
evolutivo en la enseñanza, así como reconociendo el aprovechamiento y la buena
conducta como ejemplo apareciendo el nombre de los alumnos en el cuadro de
honor, otorgándoles una estrellita, pero no solamente se premia con cosas
materiales sino también con un reconocimiento afectuoso por ejemplo con un
aplauso o con un simple bien hecho etc.
Antes formaban a los niño en fila para identificar los
por géneros lo cual hoy en día hacen los mismos ya que mi tutora los formo así
y no solo eso divide cuadernos y lapiceras de un lado hombres y del otro
mujeres.
Se utilizaban a los niños
más destacados para formar grupos de diez niños y que este niño les explicara a
sus compañeros eran monitores, hoy se
aplica la misma estrategia para el apoyo al docente y yo lo veo en la forma que
estos monitores le facilitan el trabajo al docente.
Antes las investigaciones
eran valiéndose de libros misma que el padre hacia lectura a lo que ahora es
todo lo contrario ya que los padres solo sacan información y hacen que el niño
lleve su bonche de información sin siquiera habérselas leído.
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